Carmen en El Salvador

Aunque no llevo en este país más que un par de semanas, mucho de lo que he vivido y las situaciones con las que me he encontrado desde que llegué me han motivado a escribir unas líneas acerca de la problemática sexista tan extendida en nuestras queridas sociedades patriarcales. (Aviso: los siguientes ejemplos son autóctonos, pero tengo también historias similares ocurridas en España y alrededores).

En uno de mis primeros días aquí, mientras almorzaba tranquilamente con un par de compañeras cooperantes y un amigo, un señor que se encontraba en la mesa de atrás, igualmente disfrutando de un almuerzo con amigos, se gira y empieza a hablar con la compañera que se sienta a mi lado: le pregunta su nombre y le regala una cerveza a la vez que dirige una disculpa a nuestro amigo (ya sabemos, las mujeres solteras son res publica, pero cuidadín si hay un hombre de por medio no vaya a ser que este ostente su propiedad, mejor curarse en salud). Mi compañera responde amablemente y agradece la cerveza. El señor vuelve a interactuar con ella un par de veces más en lo que dura la comida, a pesar del obvio desinterés de mi compañera en sus “coqueteos”.

He sido, igualmente, testigo directa de las clásicas intromisiones típicamente sexistas que con tanta frecuencia tienen lugar en la calle (si tienes la osadía de caminar sola, así sean las 11 de la mañana): media hora andando por el barrio en que vivo en la capital bastaron para recibir un par de comentarios sobre mis piernas (si llevo shorts es porque fuera hace 35º, señor, no me interesa su opinión) y un sonidito de beso desde un coche que supongo que es como la versión economizadora del lenguaje de un: damn, you sexy bitch!

Pero las actitudes sexistas no se perciben solo de parte de desconocidos, también estando entre amigos (gente formada, viajada, leída) cuando las mujeres se declaran abiertamente feministas o se disponen a argumentar en contra de los tan manidos estereotipos de género, surge la voz de un hombre que no puede bajarse de su pedestal de privilegio y que al oír clamores feministas se siente atacado de manera automática.

No me siento agradecida de haberme encontrado con estas situaciones, pero compartirlo es la mejor manera que tengo de decirle al mundo lo mucho que aún queda por hacer. Sin embargo, sí me siento afortunada de haber tenido el placer de toparme con muestras de cómo las mujeres han sido protagonistas de muchos pasajes de la historia del pueblo salvadoreño y de que se ponga de relieve, aunque sea desde los museos, la lucha que las mujeres del país vienen llevando a cabo, tan a menudo silenciada por una historia que peca de androcéntrica.

Y es igualmente importante, si no más, compartir esas historias y los nombres de aquellas mujeres a las que no les fue concedido el lugar en la historia que merecían: la mítica Prudencia Ayala, la primera mujer en postularse para ser Presidenta en América Latina; lo hizo en 1930, 20 años antes de que a las mujeres salvadoreñas les fuese siquiera reconocido el derecho a voto en igualdad plena; las mujeres que participaron en el levantamiento indígena del 32, como Julia Mojica; Amparo Casamalhuapa, maestra perseguida por sus discursos en contra de la dictadura del General Hernández Martínez; Mélida Anaya Montes, fundadora del gremio educacional ANDES 21, para la consecución de una educación gratuita y de calidad; las mujeres guerrilleras que lucharon en la Guerra Civil (que conformaban más de un tercio del total de combatientes del FMLN), y que en ocasiones vivieron la violencia sexista en sus carnes y por parte de sus propios compañeros; aquellas primeras mujeres que emigraron a los Estados Unidos, pioneras de una tendencia que aún perdura. Todas ellas lucharon por conseguir un mundo mejor y más justo, verdaderas revolucionarias que dieron pie a que hoy haya movimientos de mujeres y feministas por todo el país que llevan sus nombres y recuerdan sus proezas.

Podéis leer esta pequeña revista (link: http://issuu.com/mupi/docs/mujer__la_desnudez_de_mi_lenguaje?e=2041820/4252624 ) realizada al hilo de la exposición que se encuentra en el Museo de la Palabra y la Imagen, en San Salvador, titulada: “Mujer, la desnudez de mi lenguaje” si queréis más información (también incluye fotos).

Os invito a todos a indagar sobre aquellas mujeres que han sido importantes en la historia de los países en que vivís o que visitáis y que mantengáis vivas sus memorias.

Ánimo, guerreras, y que continúe la lucha.

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